RESEÑA BIOGRÁFICA
Cervantes
Saavedra, Miguel de (1547-1616), dramaturgo, poeta y novelista español,
autor de la novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha,
considerada como la primera novela moderna de la literatura universal.
Vida
Miguel de Cervantes Saavedra tuvo una vida azarosa de la que poco
se sabe con seguridad. Nació en Alcalá de Henares (Madrid), probablemente
el 29 de septiembre de 1547. Pasó su adolescencia en varias ciudades
españolas (Madrid, Sevilla) y con poco más de veinte años se fue
a Roma al servicio del cardenal Acquaviva. Recorrió Italia, se enroló
en la Armada española y en 1571 participó con heroísmo en la batalla
de Lepanto, donde comienza el declive del poderío turco en el Mediterráneo.
Allí Cervantes resultó herido y perdió el movimiento del brazo izquierdo,
por lo que fue llamado el Manco de Lepanto. En 1575, cuando regresaba
a España, los corsarios le apresaron y llevaron a Argel, donde sufrió
cinco años de cautiverio (1575-1580).
Liberado por los frailes trinitarios, a su regreso a Madrid encontró
a su familia en la ruina. Se casa en Esquivias (Toledo) con Catalina
de Salazar y Palacios. Arruinada también su carrera militar, intenta
sobresalir en las letras. Publica La Galatea (1585) y lucha, sin
éxito, por destacar en el teatro. Sin medios para vivir, marcha
a Sevilla como comisario de abastos para la Armada Invencible y
recaudador de impuestos. Allí acaba en la cárcel por irregularidades
en sus cuentas. Después se traslada a Valladolid. En 1605 publica
la primera parte del Quijote. El éxito dura poco. De nuevo es encarcelado
a causa de la muerte de un hombre delante de su casa. En 1606 regresa
con la Corte a Madrid. Vive con apuros económicos y se entrega a
la creación literaria. En sus últimos años publica las Novelas ejemplares
(1613), el Viaje del Parnaso (1614), Ocho comedias y ocho entremeses
(1615) y la segunda parte del Quijote (1615). El triunfo literario
no lo libró de sus penurias económicas. Dedicó sus últimos meses
de vida a Los trabajos de Persiles y Segismunda (de publicación
póstuma, en 1617). Murió en Madrid el 22 de abril de 1616 y fue
enterrado al día siguiente.
Su
obra: poesía y teatro
Cervantes centró sus primeros afanes literarios en la poesía y el
teatro, géneros que nunca abandonaría. Su obra poética abarca sonetos,
canciones, églogas, romances, letrillas y otros poemas menores dispersos
o incluidos en sus comedias y en sus novelas. También escribió dos
poemas mayores: Canto de Calíope (incluido en La Galatea) y Viaje
del Parnaso (1614). La valoración de su poesía se ha visto perjudicada
por su publicación dispersa en otras obras, por la celebridad alcanzada
por el autor en la novela e incluso por su propia confesión en este
famoso terceto del Viaje del Parnaso:
Yo,
que siempre trabajo y me desvelo
por parecer que tengo de poeta
la gracia que no quiso darme el cielo.
Aunque
en otras ocasiones se enorgullece de sus versos, en su tiempo no
logró ser aceptado como poeta.
Tampoco tuvo mejor suerte en el teatro, por el que se sintió atraído
desde joven. Al regreso del cautiverio llegó a estrenar con éxito
varias comedias. Pero tampoco sus contemporáneos lo aceptaron como
dramaturgo. Cervantes, con una concepción clásica del teatro, tuvo
que soportar el triunfo arrollador de Lope de Vega en la renovación
de la escena española con su Arte nuevo de hacer comedias. De la
primera época (1580-1587), anterior al triunfo de Lope de Vega,
se conservan dos tragedias: El trato de Argel y La destrucción de
Numancia. A la segunda época pertenecen las Ocho comedias y ocho
entremeses nuevos, nunca representados (1615). Las comedias son
El gallardo español, La casa de los celos y selvas de Ardenia, Los
baños de Argel, El rufián dichoso, La gran Sultana doña Catalina
de Oviedo, El laberinto de amor, La entretenida y Pedro de Urdemalas.
Y éstos son los entremeses: El juez de los divorcios, El rufián
viudo, La elección de los alcaldes de Daganzo, La guarda cuidadosa,
El vizcaíno fingido, El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca
y El viejo celoso.
Prosa:
La Galatea
En la prosa narrativa Cervantes empezó escribiendo una novela pastoril
que fue su primer libro publicado, con el título de Primera parte
de La Galatea (1585). Como en otras novelas de su género, los personajes
son pastores convencionales que cuentan sus penas amorosas y expresan
sus sentimientos en una naturaleza idealizada. La Galatea se compone
de seis libros en los cuales se desarrollan una historia principal
y cuatro secundarias. La principal refiere los amores de los pastores
Elicio y Galatea, a la cual su padre quiere casar con el rico Erastro.
Y las secundarias añaden otros tantos episodios amorosos protagonizados
también por pastores. Lo más importante reside en que ya en esta
primera novela Cervantes aparece como un escritor renovador. Acepta
las convenciones del género pastoril, pero a veces rompe el patrón
idílico en las relaciones entre los pastores y en la geografía -convencional
y real a un tiempo- del río Tajo. Lo más innovador es la integración
de cuatro historias secundarias que acaban confluyendo en la acción
principal y dejando abierta la posibilidad de una continuación.
Esta segunda parte prometida fue a menudo recordada por Cervantes,
hasta en la dedicatoria del Persiles, pero no se publicó nunca.
Novelas
ejemplares
Entre 1590 y 1612 Cervantes fue escribiendo una serie de novelas
cortas que, después del reconocimiento obtenido con la primera parte
del Quijote en 1605, acabaría reuniendo en 1613 en la colección
de Novelas ejemplares. Teniendo en cuenta las dos versiones conservadas
de Rinconete y Cortadillo y de El celoso extremeño, se cree que
Cervantes introdujo en ellas algunas variaciones encaminadas a la
ejemplaridad social, moral y estética de estas novelas o narraciones
cortas, y después las ordenó de acuerdo con un criterio artístico
que obedece a la visión orgánica del conjunto. En el prólogo Cervantes
proclama su novedad: "Yo soy -dice- el primero que he novelado en
lengua castellana". En efecto, así fue, pues en la literatura española
no había entonces tradición de novela corta; las que circulaban
eran adaptaciones o traducciones de los novellieri italianos. Cervantes
españolizó el género, lo ennobleció y creó la novela corta en la
literatura castellana.
La colección se abre con La gitanilla, fantasía poética creada en
torno a la figura de Preciosa y la relación entre la gitanilla y
un joven capaz de renunciar a su alcurnia por amor. En contraste
con tan embellecido marco sigue El amante liberal, novela bizantina
de amor y aventuras, con las adversidades que Ricardo y Leonisa
han de superar antes de su matrimonio. Después del idealismo, el
amor y la aventura de estas dos primeras novelas se cae en los bajos
fondos del hampa sevillano con Rinconete y Cortadillo, en cuyas
páginas sobresalen la mejor ironía y humor cervantinos. Su crítica
social, que constituye una denuncia de la degradación moral de la
España del siglo XVI, culmina en el insuperable cuadro realista
de la cofradía de Monipodio, que negocia todo el crimen de Sevilla.
El contraste entre Rinconete y Cortadillo y las dos primeras novelas
se prolonga hacia la cuarta, La española inglesa, en la cual, sobre
un fondo de guerras de religión entre España e Inglaterra, se desarrollan
las pruebas que han de superar Ricaredo e Isabela antes de su unión
matrimonial.
Tras tantas aventuras y dichas amorosas, vuelve la crítica de la
sociedad con la narración de un intelectual trastornado por un hechizo
amoroso en El licenciado Vidriera, cuyo protagonista cree que es
de vidrio y hace gala de una extraña lucidez e ingenio. Los juegos
mentales de Vidriera dejan paso a la violencia sexual y la reconciliación
en La fuerza de la sangre, donde se cuenta la violación de Leocadia
por un joven de la nobleza toledana y el posterior compromiso matrimonial
entre ambos. Curiosamente, el ingenio y el impulso de los instintos
son las fuerzas que derriban los muros levantados contra natura
por el viejo Carrizales en El celoso extremeño, con el popular motivo
del viejo y la niña en la casa-prisión en la que el indiano Carrizales
encierra a su joven esposa. Por el contrario, la más celebrada libertad
en nada merma el recato de Constanza en La ilustre fregona, entre
las andanzas toledanas de Carriazo y Avendaño, prendado éste de
la bella fregona de la Posada del Sevillano, hija natural del padre
de Carriazo.
Amores y aventuras, disfraces y casualidades, engaños y reparaciones
entre gentes de la nobleza configuran las intrigas de Las dos doncellas
y La señora Cornelia. Los engaños de las doncellas Teodosia y Leocadia
componen una intriga con temas pastoriles y técnicas de la novela
bizantina. La señora Cornelia, localizada en ambientes estudiantiles
y de la alta sociedad de Bolonia, cuenta la azarosa historia de
amor de Cornelia hasta su boda con el duque de Ferrara. Y de tales
ambientes nobiliarios descendemos a la vileza moral, la marginación
social, la estafa y la corrupción en El casamiento engañoso y El
coloquio de los perros. Como otro burlador burlado, el alférez Campuzano
sale de su casamiento engañado con sus mismas artimañas y enfermo
de sífilis. Esta pálida sombra del desengaño barroco es buena imagen
de la caída del ideal cervantino del heroico soldado de Lepanto.
El interés del Coloquio se centra en tres aspectos: la corrupción
social denunciada por Berganza en la narración de su vida, las cínicas
disquisiciones filosóficas de ambos perros sobre las convenciones
sociales y la maldad en el mundo, y la integración de teoría y práctica
narrativas que constituyen la renovación formal más importante en
el curso de la novela occidental. He aquí el magistral cierre de
la colección de doce historias en once novelas, porque El casamiento
y El coloquio forman una sola: ambas comparten el tema del engaño-desengaño,
y El casamiento es el marco en el que se introduce El coloquio,
que el sifilítico alférez Campuzano escribió mientras se curaba
en el hospital y que es ahora un diálogo leído por su amigo el licenciado
Peralta.
En este cierre de las Novelas ejemplares se representa el proceso
completo de la creación literaria: el alférez Campuzano se presenta
como autor del Coloquio; el perro Berganza es el narrador del mismo
al contar en él su vida; su compañero Cipión actúa como interlocutor
crítico que corrige y matiza al narrador, y el licenciado Peralta
interviene como lector del texto escrito por Campuzano. Si a ello
se añade que El coloquio de los perros pretende superar las limitaciones
de la novela picaresca incluyendo la perspectiva que allí faltaba,
la del destinatario, y que el delirio producido por la fiebre de
Campuzano en El casamiento engañoso da verosimilitud poética a sus
desvaríos acerca del diálogo racional de unos perros, se comprenderá
mejor la extraordinaria lección de teoría y práctica narrativas
de esta genial mentira dotada de asombrosa coherencia artística:
la verosimilitud literaria depende de sus reglas poéticas, no de
su confrontación con la realidad externa.
Don
Quijote: sus orígenes
Es posible que Cervantes empezara a escribir el Quijote en alguno
de sus periodos carcelarios a finales del siglo XVI. Mas casi nada
se sabe con certeza. En el verano de 1604 estaba terminada la primera
parte, que apareció publicada a comienzos de 1605 con el título
de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. El éxito fue inmediato.
En 1614 aparecía en Tarragona la continuación apócrifa escrita por
alguien oculto en el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda,
quien acumuló en el prólogo insultos contra Cervantes. Por entonces
éste llevaba muy avanzada la segunda parte de su inmortal novela.
La terminó muy pronto, acuciado por el robo literario y por las
injurias recibidas. Por ello, a partir del capítulo 59, no perdió
ocasión de ridiculizar al falso Quijote y de asegurar la autenticidad
de los verdaderos don Quijote y Sancho. Esta segunda parte apareció
en 1615 con el título de El ingenioso caballero don Quijote de la
Mancha. En 1617 las dos partes se publicaron juntas en Barcelona.
Y desde entonces el Quijote se convirtió en uno de los libros más
editados del mundo y, con el tiempo, traducido a todas las lenguas
con tradición literaria.
Algunos cervantistas han defendido la tesis de que Cervantes se
propuso inicialmente escribir una novela corta del tipo de las "ejemplares".
Esta idea se basa en la unidad de los seis primeros capítulos, en
los que se lleva a cabo la primera salida de don Quijote, su regreso
a casa descalabrado y el escrutinio de su biblioteca por el cura
y el barbero. Otra razón es la estrecha relación sintáctica entre
el comienzo de cada capítulo y el final del anterior. Y también
apoya esta tesis la semejanza entre los seis primeros capítulos
y el anónimo Entremés de los romances, donde el labrador Bartolo,
enloquecido por la lectura de romances, abandona su casa para imitar
a los héroes del romancero, defiende a una pastora y resulta apaleado
por el zagal que la pretendía, y cuando es hallado por su familia
imagina que lo socorre el marqués de Mantua. Pero la tesis de la
novelita ejemplar es rechazada por otros estudiosos que consideran
que Cervantes concibió desde el principio una novela extensa. Éstos
argumentan que la unidad de la primera salida de don Quijote -sin
Sancho Panza, para que no pueda presenciar la grotesca ceremonia
en que su amo es armado caballero- adelanta la composición circular
que se repite, ampliada, en las otras dos salidas; la semejanza
con el Entremés de los romances puede ser una manifestación más
de la presencia constante del romancero en el Quijote, y las relaciones
sintácticas entre final y comienzo de capítulo no son exclusivas
de la primera salida.
Propósitos
de Cervantes con el Quijote
Lo que sí resulta seguro es que Cervantes escribió un libro divertido,
rebosante de comicidad y humor, con el ideal clásico del deleitar
aprovechando. Por eso quiso crear una obra para todos los lectores,
según las capacidades de cada cual. Su ambición de totalidad abarca
desde el lector más inocente hasta el más profundo, de modo que
todo cuanto preocupa al ser humano parece incluido en sus páginas.
Cervantes afirmó varias veces que su primera intención era mostrar
a los lectores de la época los disparates de las novelas de caballerías.
En efecto, el Quijote ofrece una parodia de las disparatadas invenciones
de tales obras. Pero significa mucho más que una invectiva contra
los libros de caballerías. Por la riqueza y complejidad de su contenido
y de su estructura y técnica narrativa, la más grande novela de
todos los tiempos admite muchos niveles de lectura, e interpretaciones
tan diversas como considerarla una obra de humor, una burla del
idealismo humano, una destilación de amarga ironía, un canto a la
libertad o muchas más. También constituye una asombrosa lección
de teoría y práctica literarias. Porque, con frecuencia, se discute
sobre libros existentes y acerca de cómo escribir otros futuros,
ya desde la primera parte: escrutinio de la biblioteca de don Quijote,
lectura de El curioso impertinente en la venta de Juan Palomeque
y disputa sobre libros de caballerías y de historia, revisión crítica
de la novela y el teatro de la época en la conversación entre el
cura y el canónigo toledano. En la segunda parte de la novela algunos
personajes han leído ya la primera y hacen la crítica de la misma.
La primera parte será así el punto de referencia de las discusiones
sobre teoría literaria incluidas en la segunda. Teoría y ficción
se integran con perfecta armonía en el coloquio entre Sansón Carrasco,
don Quijote y Sancho, en episodios como la cueva de Montesinos y
el retablo de Maese Pedro; y la teoría se ilustra con la práctica
en las narraciones interpoladas en el relato principal, las cuales
constituyen otras tantas formas de novelar representativas de los
géneros narrativos anteriores a Cervantes.
Entre otras aportaciones más, el Quijote ofrece asimismo un panorama
de la sociedad española en su transición de los siglos XVI al XVII,
con personajes de todas las clases sociales, representación de las
más variadas profesiones y oficios, muestras de costumbres y creencias
populares. Sus dos personajes centrales, don Quijote y Sancho, constituyen
una síntesis poética del ser humano. Sancho representa el apego
a los valores materiales, mientras que don Quijote ejemplifica la
entrega a la defensa de un ideal libremente asumido. Mas no son
dos figuras contrarias, sino complementarias, que muestran la complejidad
de la persona, materialista e idealista a la vez.
Personalidad
de Don Quijote
Muchos episodios del Quijote ejemplifican otros tantos casos de
amor. El de don Quijote representa una concepción del amor caballeresco
sustentada en la tradición del amor cortés. Por eso, antes de cada
aventura, don Quijote invoca siempre a su amada Dulcinea y pide
su amparo, porque ella es su señora y por ella se fortalecen las
virtudes del caballero. En este sentido, Dulcinea del Toboso es
uno de los ideales más sublimes de cuantos ha creado la mente humana.
Don Quijote es también un modelo de aspiración a un ideal ético
y estético de vida. Se hace caballero andante para defender la justicia
en el mundo y desde el principio aspira a ser personaje literario.
En suma, quiere hacer el bien y vivir la vida como una obra de arte.
Se propone acometer "todo aquello que pueda hacer perfecto y famoso
a un andante caballero". Por eso imita los modelos, entre los cuales
el primero es Amadís de Gaula, a quien don Quijote emula en la penitencia
de Sierra Morena. Como en la segunda parte don Quijote ya es personaje
literario -protagonista de la primera-, en su tercera salida busca
sobre todo el reconocimiento. Y lo encuentra en quienes han leído
la primera parte: Sansón Carrasco, los duques... Ni siquiera cuando
es vencido por el Caballero de la Blanca Luna y tiene que abandonar
la caballería andante renuncia a su concepción de la vida como obra
de arte: piensa en hacerse pastor, con lo cual el mito renacentista
de la Arcadia pastoril sustituye al mito medieval de la caballería
andante. De todo ello se desprende que el Quijote es una magna síntesis
de vida y literatura, de vida vivida y vida soñada, como explica
E. C. Riley; una genial integración de realismo y fantasía y una
insuperable manifestación de las dificultades de novelar las complejas
relaciones humanas desde múltiples perspectivas abarcadoras de la
realidad siempre escurridiza. Todo lo humano es relativo. Ésta es
la base de la generosa comprensión cervantina, que evita los dogmatismos
y huye de simplificaciones. He aquí la genialidad del neologismo
baciyelmo, creado por Sancho Panza para zanjar la disputa entre
don Quijote, convencido de que se trata del yelmo de Mambrino, y
los demás, que ven una bacía de barbero.
El
Quijote como juego literario
Muchos componentes del Quijote obedecen a su condición de novela
concebida como un juego. Su construcción se sustenta en el artificio
narrativo del manuscrito encontrado. Este procedimiento es parodia
del mismo recurso empleado en los libros de caballerías. Pero Cervantes
va mucho más allá, adueñándose de la máxima libertad artística que
un autor haya logrado jamás. Varios elementos sobresalen en tan
fecundo proceso. En la ficción, el historiador moro Cide Hamete
Benengeli aparece como primer autor del Quijote, un morisco toledano
es su primer traductor y el mismo Cervantes aparece ficcionalizado
como segundo autor, que entrega a los lectores una historia sobre
la cual podrá comentar lo que quiera porque la conoce toda de antemano
por la traducción del morisco. Este juego de autores, traductores,
narradores y lectores produce una gran libertad creadora a la vez
que siembra la ambigüedad y la duda en muchas páginas, por ejemplo
en el relato de la cueva de Montesinos. Cualquier perspectiva es
posible. Siempre se podrá acusar de los engaños al moro Cide Hamete,
al morisco traductor y aun al impresor, a quien, en la segunda parte,
se culpa de las incoherencias cometidas en torno al robo del rucio
de Sancho en la primera.
El sistema lúdico abarca también la misma locura del protagonista.
La locura era un motivo frecuente en la literatura del renacimiento,
como prueban las obras de Ariosto y de Erasmo de Rotterdam. Don
Quijote actúa como un paranoico enloquecido por los libros de caballerías.
Unos lo consideran un loco rematado, otros creen que es un "loco
entreverado", con intervalos de lucidez. En general se admite que
don Quijote actúa como loco en lo concerniente a la caballería andante
y razona con sano juicio en lo demás. Pero los escritores españoles
Arturo Serrano Plaja y Gonzalo Torrente Ballester interpretan la
locura de don Quijote como un juego codificado en la ficción según
unas reglas que el caballero respeta siempre. Entrega su vida a
un ideal sublime y se estrella contra la realidad porque los demás
no cumplen las reglas del juego. Don Quijote finge estar loco y
decide jugar a caballero andante. Para ello acude a los libros de
caballerías, transforma la realidad y la acomoda a su ficción caballeresca:
imagina castillos donde hay ventas, ve gigantes en molinos de viento..,
y cuando se produce el descalabro también lo explica según el código
caballeresco: los malos encantadores le han escamoteado la realidad,
envidiosos de su gloria.
Semejante juego narrativo resulta enriquecido por el perspectivismo
y el relativismo, que se manifiestan en toda la novela, ya en la
variedad de nombres que se atribuyen al hidalgo manchego: Quijada,
Quesada, Quejana, Quijana y Alonso Quijano. Perspectivismo y relativismo
aparecen también en la forma de muchos nombres comunes, como el
neologismo baciyelmo, que resuelve una cuestión sin excluir ninguna
perspectiva. En esto se revela la comprensión cervantina ante todo
lo humano. Y la misma libertad que Cervantes reclamó para sí como
creador se la concedió en idéntico grado a don Quijote, el primer
personaje auténticamente libre de la literatura universal. El comienzo
de la novela es bien conocido: "En un lugar de La Mancha, de cuyo
nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo vivía un hidalgo".
Con estas palabras Cervantes destaca que los hechos que va a contar
no ocurrieron en tierras lejanas, como las historias de la caballería
andante, sino muy cerca, en La Mancha, ni tampoco en tiempos remotos,
sino ayer mismo. Se han dado muchas explicaciones a este comienzo
de la novela: un octosílabo de un romance anónimo, negativa a decir
el nombre del pueblo natal de don Quijote por deseo de incluir a
toda La Mancha, comienzo característico de los cuentos populares,
rechazo del autor al pueblo donde supuestamente estuvo preso y comenzó
la novela. Sin negar estas razones Leo Spitzer y Avalle-Arce explican
el comienzo del Quijote como una defensa de la libertad del creador
y del personaje con repercusiones fundamentales en la evolución
literaria. La literatura anterior a Cervantes se regía por unas
convenciones restrictivas. En aquellos modelos tradicionales la
cuna del héroe determinaba su vida futura. Amadís era hijo de reyes,
nació en Gaula y estaba llamado a ser héroe. Lazarillo nació en
el Tormes, era hijo de padres viles y será un antihéroe. En cambio
Cervantes no especifica la cuna, ni la genealogía, ni el nombre
exacto de don Quijote para que pueda caminar libre de todo determinismo,
creando su propia realidad. Por eso a partir del Quijote la vida
del personaje literario será más libre. Porque, como señala Carlos
Fuentes, Cervantes ha puesto a dialogar a Amadís de Gaula con Lazarillo
de Tormes y en el proceso ha disuelto para siempre la interpretación
unívoca del mundo.
Los
trabajos de Persiles y Segismunda
Finalmente, el Persiles fue tal vez el libro más querido de la fantasía
de Cervantes, quien ya no tuvo tiempo para hacer las últimas correcciones
en un texto no del todo acabado y se puso a escribir el prólogo
tres días antes de morir. Viejo y cansado de tanta experiencia amarga,
Cervantes lo sublima todo refugiándose en el mundo fantástico inventado
por él. Acude a la novela bizantina y renueva sus técnicas con el
fin de superar el género y crear una gran epopeya cristiana en prosa.
De este modo, Cervantes ocupó hasta sus últimos días la vanguardia
narrativa de su tiempo, acercando la novela a la poesía, a la vez
que con esta idealizada novela de aventuras construye una hermosa
ficción llena de modernidad y cosmopolitismo.
La novela cuenta la peregrinación de Persiles y Segismunda desde
el norte de Europa hasta Roma. El viaje se enriquece con la diversidad
de lugares recorridos, desde la geografía nórdica de la mítica isla
Bárbara, Islandia, Noruega, Irlanda y Dinamarca, hasta las tierras
ya conocidas de Portugal, España, Francia e Italia. Su complejidad
aumenta con la constante aparición de nuevos personajes en el recorrido
y con la interpolación de historias particulares en la peripecia
de los amantes protagonistas. Y el interés y la intriga de la trama
se intensifican por acumulación de arriesgadas navegaciones, naufragios,
piraterías, desafíos, batallas, cautiverios, fugas, raptos, encuentros,
separaciones y aventuras de toda índole.
Fuente: Enciclopedia Encarta 98
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