RICARDO PALMA

   ¡AL RINCÓN! ¡QUITA CALZÓN!    PALLA-HUARCUNA

RESEÑA BIOGRÁFICA

Palma, Ricardo (1833-1918), escritor peruano que fue la mayor figura del tardío romanticismo (véase Romanticismo hispanoamericano) y que entroncó con el naciente realismo, el viejo costumbrismo español y la sátira criolla, para producir la exitosa fórmula de sus Tradiciones peruanas. A través de numerosas series, que se extienden hasta el siglo XX, se convirtió en uno de los prosistas clásicos más amenos de América.
Nacido en Lima, se inició muy temprano en la vida periodística y literaria, con poemas, piezas teatrales y sátiras políticas. Fue uno de los jóvenes "bohemios" (así los bautizó él mismo) que introdujeron el romanticismo en el Perú, pero hacia 1860 empezó a notarse que su talento lo llevaba en otra dirección -al mismo tiempo más liviana y menos artificiosa-, guiado por su innata ironía, su aguda observación de la realidad social y el gusto por una prosa pintoresca y con sabor popular. Sus dos años de destierro en Chile (1861-1863) contribuyeron a su maduración literaria; a su vuelta al Perú llevó como fruto los Anales de la Inquisición de Lima (1863), su primer trabajo histórico importante. A lo largo de su larga y fecunda vida, Palma publicó una variedad de obras (libros de recuerdos y de viaje, estudios lexicográficos y literarios), pero nada supera el significado de sus Tradiciones, cuya primera serie aparece en 1872, iniciando así un ciclo que sólo se cierra en 1910; nuevas tradiciones siguieron apareciendo hasta pocos años antes de su muerte.
Fue uno de los primeros miembros correspondientes de la Academia de la Historia y de la Real Academia Española, cuya sección peruana integró. Entre sus obras de carácter lingüístico publicó Verbos y gerundios (1877), Neologismos y americanismos (1896) y Papeletas lexicográficas (1903). En Neologismos y americanismos (1896), planteó la necesidad de incorporar al diccionario de la Real Academia un amplio elenco de voces americanas, labor a la que se aplicó con entusiasmo durante su estancia en Madrid, entre 1892 y 1893, invitado a España por los organizadores del IV Centenario del descubrimiento. En su enfrentamiento con los académicos españoles sólo consiguió que le aprobaran una docena de voces.
Las tradiciones peruanas
Aunque Palma se presenta como "creador" de las tradiciones, este género era, en realidad, muy viejo y se puso de moda en América antes de que él lo cultivase. Lo nuevo y decisivo en Palma es el cuidado de la forma, el sentido artístico que otorga a un género que tendía al repentinismo y a la expresión opaca. Hizo de ella un vehículo ideal para la reconstrucción del pasado histórico, sobre todo la atmósfera legendaria de la colonia, que retrata en pequeñas narraciones que crean una imagen muy sugestiva. El ingenio, el brillo, la gracia, la picardía y la malicia criolla que le otorga el autor son inconfundibles y crean un modelo de lengua literaria que gozó de gran fama en todo el orbe hispánico. Un ejemplo de lengua, estilo y reflexión histórica es la siguiente tradición sobre las últimas palabras de Simón Bolivar:
"En el silencioso corredor de la casa, y sentado en un sillón de vaqueta, veíase a un hombre demacrado, a quien una tos cavernosa y tenaz convulsionaba de hora en hora. El médico, un sabio europeo le propinaba una porción calmante, y dos viejos militares, que silenciosos y tristes paseaban en el salón, acudían solícitos al corredor. Más que de un enfermo, se trataba ya de un moribundo, pero un moribundo de inmortal nombre. Pasado un fuerte acceso, el enfermo se sumergió en profunda meditación, y al cabo de algunos minutos dijo con voz muy débil:

-¿Sabe usted, doctor, lo que me atormenta al sentirme ya próximo a la tumba?
-No, mi general.
-La idea de que tal vez he edificado sobre arena movediza y arado en el mar.
Y un suspiro brotó de lo más íntimo de su alma y volvió a hundirse en su meditación. Transcurrido gran rato, una gran sonrisa tristísima dibujó su rostro y dijo pausadamente:
-¿No sospecha usted, doctor, quiénes han sido los tres más insignes majaderos del mundo?
-Ciertamente que no, mi general.
-Acérquese usted, doctor…, se lo diré al oído… Los tres grandísimos majaderos hemos sido Jesucristo, Don Quijote y… yo".


Fuente: Enciclopedia Encarta 98