CIRCE
JULIO CORTÁZAR
And one kiss I had of her mouth, as I took the apple from her hand. But while I bit it, my brain whirled and my foot stumbled; and I felt my crashing fall through the tangled boughs beneath her feet, and saw the dead white faces that welcomed me in the pi DANTE GABRIEL ROSSETTI
The Orchard-Pit
Delia se quedó mirando la caja y no hizo mucho caso de los
bombones, pero cuando estaba comiendo el segundo, de menta con una crestita
de nuez, le dijo a Mario que sabía hacer bombones. Parecía excusarse por no
haberle confiado antes tantas cosas, empezó Ahora ya es más difícil hablar de
esto, está mezclado con otras historias que uno agrega a base de olvidos menores,
de falsedades mínimas que tejen y tejen por detrás de los recuerdos; parece
que él iba más seguido a lo de Mañara, la vuelta a la vida de D Los domingos
se quedaba de sobremesa con los suyos, y Madre Celeste se lo agradecía sin sonreír,
pero dándole lo mejor del postre y el café muy caliente. Por fin habían cesado
los chismes, al menos no se hablaba de Delia en su presencia. Quién sabe si
los Otras gentes no iban a ver a los Mañara. Asombraba un poco esa ausencia
de parientes o de amigos. Mario no tenía necesidad de inventarse un toque especial
de timbre, todos sabían que era él. En diciembre, con un calor húmedo y dulce,
Delia logró el licor A Rolo le habían gustado los licores de Delia, Mario lo
supo por unas palabras de Mañara dichas al pasar cuando Delia no estaba: "Ella
le hizo muchas bebidas. Pero Rolo tenía miedo por el corazón. El alcohol es
malo para el corazón". Tener un novio tan de Delia estaba contenta del resultado,
dijo a Mario que su descripción del sabor se acercaba a lo que había esperado.
Todavía faltaban ensayos, había cosas sutiles por equilibrar. Los Mañara le
dijeron a Mario que Delia no había vuelto a sentarse al piano, Sin sorpresa,
casi como una confirmación, midió Mario esa noche la fragilidad de la paz de
Delia, el peso persistente de la doble muerte. Rolo, vaya y pase; Héctor era
ya el desborde, el trizado que desnuda un espejo. De Delia quedaban las manías
delicada Creyó que los Mañara iban a alegrarse cuando él empezara a traerle
los extractos a Delia; en cambio se enfurruñaron y se replegaron hoscos, sin
comentarios, aunque terminaban transando y yéndose, sobre todo cuando venía
la hora de las pruebas, siempre en A cambio de esas atenciones, Mario obtenía
de Delia una promesa de ir juntos al cine o pasear por Palermo. En los Mañara
advertía gratitud y complicidad cada vez que venía a buscarla el sábado de tarde
o la mañana del domingo. Como si prefiriesen quedarse -El pez de color está
tan triste -dijo Delia, mostrándole el bocal con piedritas y falsas vegetaciones.
Un pececillo rosa translúcido dormitaba con un acompasado movimiento de la boca.
Su ojo frío miraba a Mario como una perla viva. Mario pensó en el ojo -Hay que
renovarle más seguido el agua -propuso.
-Es inútil, está viejo y enfermo. Mañana se va a morir.
A él le sonó el anuncio como un retorno a lo peor, a la Delia atormentada del
luto y los primeros tiempos. Todavía tan cerca de aquello, del peldaño y el
muelle, con fotos de Héctor apareciendo de golpe entre los pares de medias o
las enaguas de verano. Y -Entonces sos mi novio -dijo-. Qué distinto me parecés,
qué cambiado.
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Madre Celeste oyó sin hablar la noticia, puso a un lado la plancha y en todo
el día no se movió de su cuarto, adonde entraban de a uno los hermanos para
salir con caras largas y vasitos de Hesperidina. Mario se fue a ver fútbol y
por la noche llevó rosas Una o dos veces, durante esas semanas de noviazgo,
estuvo a un paso de citar a papá Mañara fuera de la casa para hablarle de los
anónimos. Después lo creyó inútilmente cruel porque nada podía hacerse contra
esos miserables que lo hostigaban. El peor vino Se encontró con papá Mañara
en el Munich de Cangallo y Pueyrredón, lo colmó de cerveza y papas fritas sin
arrancarlo de una vigilante modorra, como si desconfiara de la cita. Mario le
dijo riendo que no iba a pedirle plata, sin rodeos le habló de los anón -Ya
sé que apenas nos casemos se acabarán estas infamias. Pero necesito que ustedes
me ayuden, que la protejan. Una cosa así puede hacerle daño. Es tan delicada,
tan sensible.
-Vos querés decir que se puede volver loca, ¿no es cierto?
-Bueno, no es eso. Pero si recibe anónimos como yo y se los calla, y eso se
va juntando...
-Vos no la conocés a Delia. Los anónimos se los pasa... quiero decir que no
le hacen mella. Es más dura de lo que te pensás.
-Pero mire que está como sobresaltada, que algo la trabaja -atinó a decir indefenso
Mario.
-No es por eso, sabés -bebía su cerveza como para que le tapara la voz-. Antes
fue igual, yo la conozco bien.
-¿Antes de qué?
-Antes de que se le murieran, zonzo. Pagá que estoy apurado.
Quiso protestar, pero papá Mañara estaba ya andando hacia la puerta. Le hizo
un gesto vago de despedida y se fue para el Once con la cabeza gacha. Mario
no se animó a seguirlo, ni siquiera pensar mucho lo que acababa de oír. Ahora
estaba otra vez solo com Delia sospechaba algo porque lo recibió distinta, casi
parlanchina y sonsacadora. Tal vez los Mañara habían hablado del encuentro en
el Munich. Mario esperó que tocara el tema para ayudarla a salir de ese silencio,
pero ella prefería Rose Marie y un poco -Mamá va a volver a despedirse. Esperá
que se vayan a la cama...
Afuera se oía a los Mañara, el crujir del diario, su diálogo continuo. No tenían
sueño esa noche, las once y media y seguían charlando. Delia volvió al piano,
como obstinándose tocaba largos valses criollos con da capo al fine una vez
y otra, escalas y ad Pinturas : Fernando Allievi
Ernesto Schoo (1925)