Como
sospechan es un seudónimo. Es argentino, nacido en Buenos Aires,
y a continuación dejamos que él se presente:
«El
año de mi fundación es 1953 y para los graciosos ¡ya había automóviles!
Una de las mejores cosas de mi infancia me aconteció a los seis
años, caminaba por la calle con mi papá, me gustaba ir con él porque
no me llevaba de la mano como si yo fuese una criatura. En un momento
levanté la mirada y vi un cartel, era de esos con unas lentejuelas
de chapa que se mueven con el viento. Decía "Ferretería", lo leí
de una sola vez y sin deletrear. Un rayo me iluminó, ya sabía leer,
me sentí mareado. A partir de ese magno acontecimiento no he parado
de hacerlo.
Fui
el distraído de la clase, mis maestros odiaban mi cara bobalicona,
con ojos en blanco. Solo uno, Don Luis Villarino, en una nota escribió
"pare el soñador Marcelo…" y me dio aliento. Me recibí en una carrera
técnica que jamás me interesó. Soy empleado en una empresa de Internet
(¿quedan otras?) durante muchos años trabajé como viajante de comercio,
tenía una zona enorme. Cada semana, al partir o en la primera localidad
a la que llegaba me atiborraba de libros (qué épocas), no todos
eran buenos. Algunos de ellos eran francamente malos. —Yo puedo
hacer esto, hasta me animo a enmendarle la plana a algún distraído,
pensé—. así caí en brazos de la fatalidad y el dolor. Escribí mucho
y muy mal, no importaba, era más rápido rompiendo papeles que garabateándolos.
Hoy tengo una discretísima cantidad de cuentos, siguen siendo malos
pero ahora los cuido un poco más. Trato de tener una rutina de trabajo,
a mi esposa le pone los nervios de punta verme sentado tiqui tiqui
tic, con la máquina (pobre, descubrió que escribo hace unos meses
y no puede perdonarme tamaña infidelidad). No he publicado nada,
salvo en internet, no me preocupa verme en un papel. Escribir es
mi trabajo, ir todos los días a la oficina es mi hobby.
Qué
se le va a hacer, así están las cosas hoy, en Buenos Aires un 16
de marzo de 2002.