LA PATOLOGÍA
MANUEL MALLO
El presidente de la Asociación de Telespectadores y Radioyentes solicita de la Dirección de Radiotelevisión Española la no emisión de la serie "Tío Willy", protagonizada por Andrés Pajares, y en la que da vida a un homosexual, por considerar que no se deben divulgar conductas patológicas que pudieran dar lugar a malos entendidos entre los menores de edad.
"La Voz de Galicia" 1998
I - CARTA ABIERTA A UN HERMANO
El silencio olía a podrido y ocupaba todo el lugar. Me había prometido respetar tu cuerpo yaciente y llorar tu ausencia pero... ¿qué te voy a contar?: los montones de tierra tapando la madera noble que te cobijaba y aquel silencio asfixiante me hicieron reír. Y reí, me partí el culo de risa mientras el cura hacía la señal de la cruz y, como un rayo, salía del cementerio tapando su nariz con un pañuelo porque, aunque sigas sin creerlo, no había dios que soportase aquel olor.
Allí quedamos nosotros, tus amigos...por decir algo, ya entiendes.
Luciano llevaba el duelo con elegancia. Siempre estirado y perfecto en sus formas. Con un traje impecable, de esos que alquilan en la tienda de Anselmo, el que había perdido el ojo de una pedrada.¡Mira que tenías puntería, so cabrón!, ¿Recuerdas cómo gritaba? A Luciano nunca le habías caído bien. Escondía dentro de sí una rabia contenida porque...sus formas,¿sabes?, no le permitían mostrar algo que fuese contra el decoro. Aún así pude ver como, de vez en cuando, pasaba la mano por la comisura de los labios y limpiaba restos de saliva. El pobre babeaba de gusto en tu entierro.
Yo, Arturo, tu más noble camarada, no dejaba de reír. Estaba muerto de vergüenza y quería evitarlo pero no era capaz. Luciano me hacía gestos disimulados y María...María estaba allí: seria, viuda antes de casarse, y hermosa, radiante en su dolor ¡Qué mujer! Le va a costar superar tu muerte. No deja de maldecirse por no haber podido controlar el coche; la curva era peligrosa, llovía, y cuando vas a 150 por hora, ni Audi, ni hostias: o te sales de la carretera o apareces en el carril contrario, y si para más inri te encuentras un camión en el camino... María, no sé cómo, salió despedida y aterrizó en un prado, no creas, el collarín le queda bien, pero tú, Jacobo, no lo contaste mi rey.
Ella no se merecía esto. ¡A quién se le ocurre morir así! Tú, siempre tan celoso de lo tuyo, y esa noche te da un no sé qué de locura y le dejas llevar el coche. Fuiste cabrón hasta en ese momento. Hay gente, como tú, que pasa la vida jodiendo a los demás y no puede dejar de hacerlo; incluso cuando muere encuentra la forma de responsabilizar a alguien de eso. Lastimaste a quien más te quería, y lo que es peor: a quien yo más quería.
¿Me preguntas por Ramón? ¡A buenas horas! No sé nada de él. A veces lo veo en sueños y me duele. Me duele ese día en que marchó derrotado, hecho una mierda. Ya de pequeño se le veía diferente. Yo había sido el primero en darme cuenta de su enfermedad: su forma de hablar, lo poco dado que era a las peleas, aquel comportamiento tan suyo, siempre con chismes y criticando nuestros juegos, que consideraba salvajes, me dieron mucho que pensar. El día que lo caché escondido en el pajar mientras tú y Luciano jugabais a ver quién meaba más lejos, se disiparon mis dudas.
Mamá me dijo que esas cosas son así porque sí. Que alguna gente nace con esa patología y no hay médico capaz de curarla. Papá nunca había creído en ese tipo de enfermedades, para él eran maricones, sin más. No había lugar a discusiones: o eres un hombre o no eres más que un maricón, y que el demonio se lleve a esos viciosos anti naturas.
¡La farra que montamos cuando os lo conté! Oye, ¿qué malos son los niños, verdad? Sin quererlo, y también sin saberlo, cambiamos su vida. El chaval aguantó a nuestro lado una temporada, pero cuando empezaron a caerle las primeras hostias cada vez que, siempre bajo nuestro criterio, nos miraba con ojos viciosos, lo abandonó todo. Fue apartándose poco a poco. No sé si alguna vez lo sospechaste pero Ramón te quería y le costó un mundo dejar el pueblo y todo aquello que conocía desde niño.
¿Sabes? Van a cerrar el cementerio. Sí, imagino que la primera noche será la peor, pero tú eres todo un tío, Jacobo, ya te irás acostumbrando.
¿Qué si estoy nervioso y por eso me río? ¿Y por qué habría de estarlo? Vamos a ver: pasé toda mi vida a tu sombra. Mamá y papá te dieron estudios y a mí me pusieron a trabajar mientras hubo donde hacerlo, después...no sé, igual tuve suerte. Por aquel tiempo tú ya habías pasado de construir pisos a introducirte en el mundo de las grandes urbanizaciones y, no sé cómo, recordaste que tenías un hermano. Lo que ya no me gustó fue el puesto de albañil. Yo, que haría un administrativo del copón, reducido a sudar cargando arena. ¡No señor! ¡No estuvo bien! De todas formas estaba dispuesto a perdonarte y te juro que hoy habría de llorar si no fuese por lo de María. ¡Cómo me la robaste! Yo la había conocido en el bar de Pepe. Ella estaba haciendo un viaje por la costa y, ¡mira por donde! Quedó a vivir aquí. A veces daba la impresión de que conocía como la palma de la mano cada rincón del pueblo. Te la presenté porque eras mi hermano, mi camarada, y no tuviste reparos en quitármela. Se dejó ir entre regalos y fines de semana en tu chalet de Sanxenxo y así, despacito, la fui perdiendo, y eso, eso no te lo perdonaré nunca.
Nos vamos. Echamos una última mirada a la lápida y dirigimos nuestros pasos hacia el portalón: Luciano conservando las formas y feliz, María triste, mirando sin ver, con la mente anclada en aquella curva, y yo riendo, disfrutando el momento, sacando partido de aquellas enseñanzas tuyas del Carpe Diem del carajo. Sólo falta Ramón. Él sí que lloraría. Su devoción por ti iba más allá del simple afecto y, aún así, se la jugamos bien jugada. ¡Pobre Ramón! ¿Dónde andará?
II-RAMÓN
-Buen día ¿Don Arturo Castrexe?
-Sí. Buen día.
-Carta certificada. Firme el recibí, por favor.
Firmé el recibo de entrega y pospuse por un momento los preparativos del traslado al chalé. ¿Sería la documentación de la transmisión patrimonial?
Al ver el membrete, algo, no sé el qué, se activo en mi cerebro e hizo que saliese a la luz la susceptibilidad permanentemente escondida en mi interior: "Notaría de Don Antonio Casal. Colegiado nº 1831" Abrí el sobre y me senté a leer.
"Muy señor mío:
Con la presente, tengo a bien comunicarle que el jueves, día ocho de abril, a las nueve horas, se procederá a dar lectura a las últimas voluntades de D. Jacobo Cástrexe Pérez.
Le rogamos máxima puntualidad."
¡Manda carajo! Ahora sí que me la hizo buena. Él y su maldito afán de protagonismo.
Prendí un cigarro y aspiré hondo. Procuré poner en orden mis ideas para sacar conclusiones del por qué del testamento pero... nada. Después de tres o cuatro pitillos seguía sin hallar una explicación que me convenciese mínimamente.
No era el hecho de que fuese yo el único heredero legal lo que más me desconcertaba. Lo sorprendente del asunto era que Jacobo nunca había sido previsor en este sentido, quizá en ningún otro. Para él la vida era un juego. Un inmenso monopoly a colores. Un coger hoy aquí y mañana allá mientras se pudiese. No era el tipo de persona que deja todo preparado antes de morir. Él nunca había pensado en su propia muerte.
El sonido del teléfono me apartó de mis cavilaciones. Cerré los ojos y dejé que trabajase el contestador.
-Arturo, soy Luciano. Oye ¿recibiste la carta? Yo acabo de leerla ¡Es increíble! ¿Estás en casa, no? Aún no me lo creo: Jacobo testando...Mira, lo que vaya a ser ya llegará. Nos vemos mañana en la notaría y...tranquilo. Estoy por jurar que es su última coña.
¿También a Luciano? ¿Qué hago? ¿Reordeno mis ideas o me rindo sin más?. Lo de ellos era un odio mutuo conocido por todos. ¿Qué coño pintaba Luciano en el testamento?
Descolgué y marqué el número de María. No estaba. Esperé una hora y volví a intentarlo. La voz enlatada seguía allí, imperturbable, monótona en su proceso: "llamo usted al 981-853432, deje su mensaje al oír la señal" ¡Al carajo con todo! Me tiré en la cama y lloré por aquel niño que quería ser arquitecto. Lloré porque no hubo manera. Porque había nacido con un muro de piedra delante de su nariz. Porque nunca había sido capaz de saltarlo. Porque ahora, ya desvanecido el obstáculo, su sombra colgaba encima de él amenazante.
El llanto fue menguando y dio paso al sueño, y después soñé con María, y escondido en el pajar vi a Ramón, y cuando desperté era ocho de abril.
Don Antonio Casal rasgó el sobre sin prisas. Sacó un par de folios mecanografiados a doble espacio y pidió nuestro consentimiento para proceder a la lectura.
Luciano, siempre impecable en sus formas, asintió con un leve movimiento de cabeza. Yo, a su derecha, dije un sí marchito. María se retiró de la ventana y vino a mi lado; alisó la falda y, mientras se sentaba, hizo un gesto con su mano y dio pié al notario para comenzar. El silencio era total y a mí, como si fuese algo premonitorio, me olió a podrido.
En la ciudad de Pontevedra, siendo martes trece de marzo de mil novecientos noventa y ocho, ante Don Antonio Casal Jiménez, notario que es de esta ciudad con el número de colegiado 1831...
Era demasiado monótono. Una voz fría que te iba envolviendo en un tedio insoportable
1.- Lega a D. Arturo Cástrexe Pérez, el 20% de las acciones correspondientes a la empresa constructora Cástrexe S.A.
2.- El resto de las acciones, así como todos sus bienes inmuebles, pasarán a manos de Doña María Suárez Doval.
3.- En lo concerniente al capital acumulado en las cuentas corrientes nº 3799-21-4000263 y 2091-34-23446122, dispone lo siguiente:
3.1- El 70% del mismo, montante que se eleva a la cantidad de 213.750.000 pts (DOSCIENTOS TRECE MILLONES SETENCIENTAS CINCUENTA MIL PESETAS) es legado a Doña María Suárez Doval.
3.2- La cantidad restante se repartirá del siguiente mondo: A Don Arturo Cástrexe Pérez le corresponderá la cantidad de diez millones de pesetas. A Don Luciano Martín Cachafeiro la cantidad de tres millones de pesetas y, por deseo expreso de quien lega, la cantidad de cuarenta millones doscientas trece mil pesetas, será destinada al Fondo Promotor del Turismo Rural.
4.- CLAUSULA ADICIONAL: En lo referente a Doña María Suárez Doval, se establece que, en previsión de posibles circunstancias que hiciesen imposible el paso de lo legado a su propiedad, ésta sea destinada a partes iguales entre D. Arturo Cástrexe Pérez y el antes citado Fondo Promotor del Turismo Rural.
Todo lo cual, expone ante mí, por lo que doy fe y firmo la presente declaración testamental en la ciudad de Pontevedra, en el día y fecha arriba indicados.
El notario levantó la vista del escrito. Introdujo los folios en el sobre y procedió a solicitar los documentos de identidad para dar el conforme a la transmisión.
Me olía a podrido y quise morir. Miré a María y, por primera vez vi una sonrisa dibujada en su cara. Luciano también la miraba, hipnotizado, conservando las formas a duras penas.
Se levantó despacio. Disfrutando. Pasó la mano por el vestido, extendió su documento al notario y se volvió hacia nosotros. Clavó su vista en nuestras caras mientras, Don Antonio Casal, revisaba el documento e iba cambiando de color: pasó en segundos del azul al verde para acabar en un blanco ceniciento. Quiso hablar y sólo fue capaz de liberar un balbuceo incomprensible. María reía, seguía mirándonos fijamente; dueña absoluta de la situación y de aquel silencio que hedía a podrido.
Don Antonio carraspeó un instante. Tomó aire y, por fin, habló:
-Señores, a la vista del documento de identidad presentado, expedido a nombre de Don Ramón Barbeito Soutullo, suspendo la transmisión patrimonial por un periodo de siete días; transcurrido el cual, y de no presentarse Doña María Suárez Doval, se procederá con arreglo a la Cláusula Adicional.
Luciano perdió la compostura. Se llevó las manos al estómago y salió del despacho entre arcadas y convulsiones. Tuvo el tiempo justo de soltarle aquel: "Púdrete, maricón de mierda" tan utilizado por nosotros hace treinta y tantos años.
Yo no podía dejar de mirarla. Estaba confuso. Perdido en recuerdos no deseados. La oí hablar y vi cómo estallaba en palabras que lastimaban.
Entonces supe de Ramón. De los caminos sin vuelta que lo llevaron a conocer los límites del ser humano. Me empapé en el sudor viscoso de otros cuerpos jadeando sobre el suyo y tuve miedo. Olí su derrota mientras me dibujaba sábanas blancas y cicatrices. Me habló de hormonas, de meses de adaptación a otro cuerpo y de una mujer que nacía ya sabida., con una memoria que no quería pero que estaba allí, presente, golpeándola constantemente, sin pausa...
Acabé por comprender y no fui capaz de recriminarle nada. Me impresionaba su presencia. Su pasar de la risa al llanto en segundos. La tristeza que lo invadía y la nimia satisfacción que sentía por lo sucedido.
Nos despedimos sin efusividad. Subió al coche, compuso el vestido para preservarlo de arrugas y dio al contacto. Se volvió hacia mí y, mientras ponía el coche en marcha, dijo que lo sentía, que había disfrutado menos de lo que en un principio había imaginado. Luego marchó. Yo presentí la curva, la velocidad. Comenzó a llover y supe que esta vez no se iba a tirar del coche. Se aferraría al volante con fuerza, con los ojos cerrados, aguardando el impacto que lo transportase a lugares exentos de patologías, de portales oscuros, de los callejones angostos por los que había transitado para sobrevivir.
III-EN EL CEMENTERIO
¿Ya te enteraste, no? Al final fue él quien hizo el último movimiento, pero no ganó. Lo había merecido, jugaba mejor que nosotros, y las tablas finales no le supieron ni a mucho ni a poco, simplemente no le supieron, resultaron agrias como su vida. Yo voy a acompañarlo y cuando lo metan en el nicho lloraré y quizá rece, no sé a quién, para que encuentre el corazón que perdió hace treinta y tantos años. Después visitaré a papá y a mamá. Les voy a contar que sí, que la patología de Ramón era incurable, y les diré que se la creamos nosotros, que no la padeció por haber nacido así como decía mamá. Y, sin explicarles nada más, marcharé solo. Intransigente con todo aquel que se salga de la pauta marcada. Fiel a una cultura que nos hace ser un poco mejores cada día. Y hoy, sin que sirva de precedente, se van a quedar sin flores.
® Manuel Mallo
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